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Hace tiempo plantaron un árbol en medio de la elfería. Hoy se mantiene saludable, alto y verde – en agudo contraste con la ciudad a su alrededor. Nosotros somos los más pobres de los pobres, los no queridos y no deseados acurrucados al otro lado del muro que nos separa de la parte humana de la ciudad. Se nos permite pasar el muro para trabajar en los muelles o en las tabernas humanas y sus hogares, pero cuando la noche se acerca debemos regresar. Cualquier elfo cogido fuera de la elfería por la noche es comúnmente confundido con un sigiloso ladrón o un carterista… y para ser honestos, aquél que esté fuera por la noche probablemente lo sea.
Nuestro Anciano nos contó que el árbol se llama El Vhenadahl, que en lengua antigua significa “árbol de la gente”. Sus raíces son profundas y el Anciano nos dijo que cuanto más viva el Vhenadahl, más lo haremos nosotros. Pero él también ha dicho que una vez nuestra gente vivió en sus propias tierras. Dijo que una vez fuimos siempre jóvenes y fuertes, que fueron los humanos quienes tomaron todo eso de nosotros.
¿Es cierto? ¿Hemos caído tan bajo? No somos infelices. Tan pobres como somos, al menos tenemos un hogar. La elfería no es una prisión –nos protege, como el Vhenadahl nos da refugio. Bailamos y cantamos y nos divertimos, robando cada momento que podemos para disfrutar de lo poco que tenemos… y creo que apreciamos esto más que los humanos. Ellos tienen todo y no aprecian nada.
Y quizás llegue el día en el que los humanos vengan y nos quiten la elfería también. Si ese día llega, juro que se arrepentirán.
Has vivido siempre bajo el duro pulgar de los señores humanos, pero cuando un señor local clama su privilegio con tu novia en el día de tu boda, las latentes tensiones raciales explotan en una lluvia de venganza…
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